Rope Cosmetology (Dan Oniroku: Nawa-geshô) Shôgorô Nishimura, 1978

Tan solo diré tres nombres: Oniroku Dan, Shogoro Nishimura y Naomi Tani. Imaginad que extravagancias sexuales podían ejecutar ante las cámaras éste trío. Las novelas de Dan continuamente fueron fuente de inspiración absoluta para los directores, y uno de los más notables en Nikkatsu fue Shogoro Nishimura. Con sus obras siempre mantuvo el timón firme de las roman porno extremas, y gracias también a la actitud sumisa e impasible frente a las cámaras de Naomi Tani para interpretar los fetiches sexuales más extraños y, que sólo se pueden expedir en Japón.

Tani interpreta a un ama de casa aburrida cuyo matrimonio está en su completa cúspide tras introducirse en el oscuro mundo del S&M -bastante hardcore- después de un encuentro con su ex-amante Tomoe (Aoi Nakajima) en una exposición recóndita de pinturas mórbidas creadas por el marido, en las que la protagonista insólitamente es Tomoe. Esta idea, sorprendentemente perturba y atrae por igual a Tani de una manera extremada, llevándole a cuestionarse su estatus como mujer y esposa.
Tras enteraste de esto y de que Tomoe ha estado tomando lecciones sobre cómo convertirse en una perra obediente para los intereses S&M del excéntrico artista. Con la aprobación del marido, Tani se consolida para seguir la esposa del artista, como su modelo y musa, sometiéndose a la tutela para convertirse ella también en el perrito ideal. A medida que las visitas al estudio del artista avanzan, las humillaciones crecen gradualmente por etapas, hasta el momento estelar de la película en el que Tani se ve untada en mantequilla y mancillada por un pastor alemán. Es una de las cosas que nunca esperarías encontrar en la filmografía de Shogoro Nishimura, - a excepción de una Hisayasu Sato- aunque con estos japos nunca se sabe...
La justificación para tal bizarrada sería que el único modo de aprender a comportarse como tal, provendría de saber que siente al ser una perra. Una vez educada, estas practicas se conducen en la intimidad del hogar -con su propia correa-. Una escena memorable es cuando Tani trata de subir a la cama y el marido le niega la petición dejándole dormir al pie de la cama.
Bien dirigida e interpretada de manera convincente, la película se las arregla para caminar entre la misoginia repulsiva y el salvajismo absurdo.

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